Zarandea la bolsa y la bolsa lo zarandea a él.
Buscando una canción, encuentro a un grupo, Bikini Red. Han versionado un tema que me suena, pero no sé nada sobre él. Lo busco. Es una canción del grupo America, su único gran éxito. Me lo dice la primera búsqueda en Internet y me fío porque tampoco quiero ir mucho más allá. Si me hubiera dicho que 'A horse with no name' era el gran fiasco de su carrera, también me lo habría creído, me hubiese conformado.
El caso es que leo que la letra habla de un caballo que camina sobre un paisaje desértico, perdido en un bolsillo de arena entre México y Estados Unidos. Leo también que la censura la escuchó con oídos golosos cuando ató cabos entre aquel caballo solitario y el crack, la heroína.
Suena en mi cabeza. Sentada en el bordillo de la acera, frente al portal, mientras me quito los patines, veo un caballo sin nombre. Un perchero con pelo cano y semblante triste del que cuelga una camiseta blanca, casi transparente, tan estirada como la bolsa que se columpia en su mano derecha y de la que sale un fuerte olor a alcohol. El hombre se acerca por mi derecha y cuando se topa con los patines, me mira con gesto de reproche y de auxilio. Enseguida resuelve el imprevisto y decide apartarse, pero lo hace de una manera exagerada, como si en realidad se hubiera encontrado con cientos y cientos de patines. Zarandea la bolsa y la bolsa lo zarandea a él.
Un metro más allá de mis patines, los dos reales y los cientos que él acaba de esquivar, aquel caballo sin nombre se detiene en la acera. Se apoya en la pared del edificio, respira. Yo respiro y la canción suena en mi cabeza. Y, como si él también pudiera escucharla, retoma el camino. Veo cómo al toparse con una alcantarilla vuelve a evitarla como a mis patines y da un enorme rodeo.