No cuesta nada demostrar que vas a echar de menos a esa persona, que lo sepa.
Suena esta canción mientras nuestro coche esquiva a otro en una larga cola, mientras se cala, mientras un hombre revisa nuestro billete. Suena también cuando al otro lado de la ventanilla un hombre se despide de una joven y luego una mujer la besa. Esta canción suena mientras las dos miramos la escena. Las dos recordamos haberla visto muchas veces y entonces...
- No sirve de nada.
- ¿El qué no sirve de nada?
- Despedirse así.
- Así ¿cómo?, ¿con cariño, te refieres?
- Sí, lo único que hace es poner las cosas más difíciles y además no creo que se vaya tan lejos. Quiero decir, no se va a otro planeta, se va a la isla de al lado.
- Bueno, eso no lo sabes, pero qué hay de malo, no cuesta nada demostrar que vas a echar de menos a esa persona, que lo sepa.
- ¿No crees que debería saberlo antes de llegar a esa escalerilla? Abrazarse ahora no tiene sentido.
- Pues yo me despido así.
- Yo no.
- ¿Por qué?
- Porque no sirve de nada.
Dejamos de escuchar la canción cuando llega nuestro turno y atravesamos la rampa. El relieve de la plancha contra las ruedas hace que el coche vibre, entre a trompicones en el barco, provoque un ruido del infierno y deje callados a los Beatles.