Xoel



Creo que antes de irme él puso su mano en mi rodilla como si entendiera todo. 





La persona que peor me quiso me regaló el disco de Xoel. Hoy, que por primera vez lo he escuchado en directo, me he acordado de cuando me dijo que lo acompañara al coche. Le dije que tenía lío. Dijo que sería un momento. Fui. Él se sentó en el asiento del conductor y yo, en el del copiloto. Cerramos las puertas. Estaba nerviosa. Quería que aquello reventara. Quizá aquel era el momento. Sentía cierta ilusión por que lo fuera. Pero no. Colocó en mis manos un pequeño paquete. Era el CD de Xoel. Lloré. "No sabía que te gustaba tanto", me dijo. Lloré sin aliento un minuto, antes de reparar en que si continuaba sería extraño. Yo quería que todo acabara en ese momento y ese CD auguraba un plazo más largo. Ya no quedaba rastro de mí. Hacía tiempo que deambulaba sin solución. Me tragué una vez más todo lo que un día me prometí que le diría a alguien que no me quisiera. Dije gracias y me bajé del coche. Creo que no nos besamos. Creo que antes de irme él puso su mano en mi rodilla como si entendiera todo. 

Cuando todo hubo terminado, aquellas canciones, que yo escuchaba antes de conocerlo, me paralizaban. Hacían que recordara lo poquito que me quise, que me defendí, todo lo que cedí, toda la entrega absurda a la persona equivocada. Intenté negarme a que Xoel dejara de sonar en casa. Pondría el CD a diario hasta que escucharlo volviera a ser agradable. Pero no. Las canciones ya no me llevaban a los lugares de antes. Me convencí de que, para eso, el tiempo también tendría que pasar. 

Al escuchar a Xoel en concierto, no he podido evitar acordarme de él. Quisiera decir que no. Me gustaría no tener que reconocerle ese mérito. Pero él me arrebató la alegría de escuchar aquella música.