Cuando los planes salen...



En otra ocasión me hubiese enfadado, me habría echado una bronca por no prestar más atención. 






Saco la taza del microondas y la coloco debajo del armario en el que está el azúcar. Abro la puerta y al coger el azucarero, el bote de la miel pierde su punto de apoyo, colocado boca abajo para exprimirle hasta la última gota, y se lleva por delante el pequeño expendedor de pastillas de Sacarina. Cae como si lo hiciera de un sexto piso, se abre y deja el suelo plagado de lunares blancos. Miro la escena y me agacho con el índice extendido. Después de recoger todas las pastillas una por una y de soplarlas una por una, las meto en el bote y vuelvo a colocarlo en el armario. En otra ocasión me hubiese enfadado, me habría echado una bronca por no prestar más atención. Ahora no. Suena en mi cabeza esta frase: "Soy una caja registradora", la misma de la canción que Hidrogenesse no tocó ayer en el concierto. Me río y pienso que me gustan las cosas imperfectas. Me encanta que los planes salgan mal.