El suavizante que ella utiliza me llevó de vuelta a casa.
El bañador. Me acerco al baño, lo recojo de la banqueta y lo enrollo dentro de la toalla. Voy a la cocina, abro la mochila que está colgada de la silla, meto la toalla y compruebo que el gorro y las gafas están en el neceser. Una muda. Voy a la habitación abro el cajón de la mesilla de noche, cojo un tanga y vuelvo a la mochila. Las chanclas. Vuelvo a la habitación, las recojo del suelo y vuelvo a la mochila. Qué más, qué más... ¿Y si hace frío al salir de la piscina? Vuelvo a la habitación, abro el armario, busco una sudadera. Son todas demasiado gordas. Busco una camiseta. Palpo, palpo y tiro de una negra, gruesa. No me suena, está del revés, le doy la vuelta. En ese gesto, la huelo, me quedo paralizada, me echo a llorar.
En la radio, en la cocina suena un rap. Corro al baño, me lavo la cara. Vuelvo a la habitación, doblo la camiseta y, de camino a la cocina, le sonrío al espejo. Ayer mi madre participó en la sentada del 15-O. No había utilizado esa camiseta desde que llegué aquí. El suavizante que ella utiliza me llevó de vuelta a casa. Mi casa está lejos.