Las palabras que no salen y se pudren aquí dentro.
Una mano ajena rozando mi muslo, deslizándose rodilla arriba, rozando la ingle. Esa es la sensación. Asco. Sabor amargo en la lengua, latido en las sienes, mareo. Todo lo que provoca este silencio. Las palabras que no salen y se pudren aquí dentro. Castigo, condena, distancia, pero solo la adecuada. Empieza el duelo. Conozco la moneda. Yo contra mí misma. Y sobre la mesa, nada, ni hoy ni mañana ni pasado. Un enorme vaso de agua, una punzada en el estómago. Bienvenida al estado de excepción.