Viaje a través del azulejo


No quería moverse de allí, pero unas manos la agarraron y comenzaron a agitarla. 





La mejilla pegada al azulejo. Abrió los ojos y no entendió nada. Los cerró. Quería seguir soñando, quería quedarse lejos del azulejo, volver a donde estaba antes de despertarse. Pero no pudo recuperar aquel paseo en manga corta y con la piel de gallina. Ya no consiguió acordarse de aquel lugar, reanudar el sueño. Con los ojos cerrados sintió cómo el suelo sobre el que estaba echada giraba cada vez a más velocidad. Fuera oyó que alguien gritaba. Abrió los ojos y el frío de la mejilla corrió por todo su cuerpo y fue una sensación muy placentera. Todo dejó de girar. No quería moverse de allí, pero unas manos la agarraron y comenzaron a agitarla. No quería volver, pero si cerraba los ojos su cuerpo volvía a entrar en una espiral. No quería luchar, quería marcharse. Le dio miedo cerrar los ojos y los mantuvo abiertos. Allí fuera encontró otros dos ojos mirándola, hablándole sin pronunciar una palabra. "Más de cien pupilas donde vernos vivos", recordó. Decidió quedarse.