Cinco años allí


Con kilómetros contrarrestaba la intriga que le propinaba su silencio.





Calculó que si cuatro y dos sumaban seis y seis y seis hacían doce y uno más subía la cuenta a trece y doce más eran 25… Habían pasado tantos meses que resultaba más cómodo contar el paso del tiempo en años. Quizá habían pasado cinco años desde que dijo: - Tengo que confesarte algo. Lo dijo y se calló, no confesó nada y aquel momento incómodo pasó de largo, o no. Ella se quedó allí esperando. Un ‘allí’ cuyos límites fueron difusos porque los cruzó varias veces para volver y volver a irse. Aquel ‘allí’ era un punto de reunión frecuente al que regresaban uno con ganas de callar y otro con ganas de escuchar la confesión anunciada. Con kilómetros contrarrestaba la intriga que le propinaba su silencio. Hubo días en los que le quitó importancia, días en los que rió y rió pensando que se había confundido y en realidad él nunca había dicho “Tengo que confesarte algo”, días en los que sintió que lo más inteligente era olvidarlo; se angustió imaginándolo víctima de mil enfermedades, perseguido por deudas asfixiantes... Creyó haber sido manipulada, amó y envidió su silencio, le dolió la espera, se avergonzó de no haber reaccionado con un "¿Qué?", soñó cientos de conversaciones, dibujó confesiones que la mecían y, mientras tanto, en cinco años convirtió aquella espera en una forma de vida.