Impromptus


Cerrar los ojos, dejarse caer y confiar en que alguien venga a recogernos.






“Para mí el amor es esto” (*), pronunció antes de dejarse caer hacia atrás, brazos en cruz, ojos cerrados, sonrisa en los labios. Él saltó de la nada para recibirla ya casi en el suelo, sujetarla antes de que su cuerpo llegara a rozarlo. Probablemente el amor era eso. Las palabras lo bordean, se aproximan, se pasan siempre o nunca llegan. Seríamos incapaces de contener el aliento, de incomodarnos y respirar después aliviados si tan solo hubiéramos leído: el amor es cerrar los ojos, dejarse caer y confiar en que alguien venga a recogernos.

A ese gesto le siguieron mil más, cientos de miles más que el público capturó, almacenó y sacudió luego en su cabeza en busca de lugares comunes. Cuatro piernas que eran cuatro tizas respondiendo sobre el escenario a la siguiente pregunta: “¿En qué parte del cuerpo se aloja el amor?” (*) Era el movimiento de aquellos dos cuerpos la palabra más rigurosa y fiel a lo que sentían. Porque el cuerpo se estremece y tiembla cuando ama de manera excepcional y la palabra se desmorona cuando se reconoce atrapada en lo convencional. Porque “toda palabra es pequeña y ajena cuando intentas explicar cómo nace el amor”. (*)


(*) Texto de Pablo Messiez para el espectáculo de danza Return